El incendio que se produjo el pasado 22 de febrero en un edificio del barrio de Campanar en la ciudad de Valencia, considerado el peor jamás registrado en la ciudad, que afectó a un conjunto de viviendas con un balance provisional de diez fallecidos, múltiples heridos y unas 150 personas desalojadas, obliga a llevar a cabo una profunda reflexión sobre sus causas para obtener conclusiones que ayuden a prevenir este tipo de accidentes tomando las medidas mas adecuadas.

Como contribución a dicha reflexión y con ánimo de ayudar a promover la imprescindible seguridad en el sector de la construcción, basada en una cultura de prevención que evite pérdidas irreparables, humanas y materiales, en este post publicamos un artículo de nuestro tertuliano el arquitecto D. José Antonio Salvador Polo.

Reflexiones sobre un incendio

José Antonio Salvador Polo

Arquitecto colegiado en el Colegio Oficial de Arquitectos de Castilla y León Este

No quisiera que con estas reflexiones acusar nadie, ya que el tema del incendio del edificio residencial de Valencia es tan complejo que compadezco al juez o jueces que lleven el caso. También tienen un gran problema los políticos, que tendrán que dilucidar qué se hace con los edificios actuales que están en una situación similar al edificio incendiado. Como comentaré más adelante, el caso de la torre Grenfell de Londres ha generado tantos problemas que muchos están aún sin resolver. Pero lo cierto es que, sobre este asunto, se están haciendo muchos comentarios infundados.

La pregunta que nos hacemos muchos es cómo es posible que haya habido diez perecidos si la mayor parte de los ocupantes se han salvado. Porque es evidente que los que tomaron la decisión de salir, se salvaron, y los diez que perecieron se mantuvieron en el interior.

Las características del edificio

Los aplacados utilizados en el edificio incendiado que conforma la fachada ventilada, si finalmente se confirma, están compuestos de dos láminas de aluminio con un compuesto interior al que se adhieren. Este compuesto, que aún hay descifrar de qué material se trata, parece que ha sido el responsable del fuego tan voraz. Forma un sandwich con las placas de aluminio, es de muy poco espesor y no tiene la función de aislar el edificio sino de conseguir rigidizar las chapas de aluminio para que no se deformen y mantengan su planeidad. Existen muchas variedades y no todas son combustibles.

El aislamiento térmico propiamente dicho es una capa que está adherida al muro interior, y al parecer (por los restos que estaban esparcidos) era de fibra mineral que no es combustible, como se puede observar en las fotos de la fachada del edificio quemado. Si esto es así, la composición de la fachada no es precisamente barata, razón por la cual apenas se utiliza, y menos en edificios residenciales y sin embargo muy empleada en edificios de oficinas. Es más, el sistema desde el punto de vista térmico es una buena solución tanto para el aislamiento frente al frio como frente al calor, ya que el aplacado hace como de un toldo extendido por toda la fachada. El propio aluminio es un material reflectante que evita que se caliente en verano, como sí ocurre con el ladrillo. Por lo tanto es un sistema que, con seguridad, se seguirá empleando, naturalmente evitando que en su composición haya materiales altamente combustibles.

Los edificios de construcción moderna más corrientes suelen tener unos materiales apenas combustibles y la propagación del fuego es muy limitada. De hecho hemos visto muchas viviendas incendiarse y no propagarse a las viviendas aledañas (1). Incluso los que se construyen con fachadas ventiladas en nuestro país lo han sido en mayor medida con material cerámico, que no es combustible.

Sobre los aislamientos térmicos los hay combustibles y no combustibles, pero dependerá de cómo se coloquen en la construcción, de su grado de exposición al aire, y de la velocidad de propagación del fuego para saber su reacción al fuego.

Los materiales, tanto de la estructura portante, forjados de suelo y techo, así como los tabiques y cerramientos suelen ser de material inorgánico y por, tanto, ofrecen una alta resistencia al fuego. Sin embargo, los materiales orgánicos, como plásticos y derivados, maderas y telas son, en su mayor parte combustibles o inflamables a partir de una cierta temperatura. Casi todos estos últimos forman parte del mobiliario y la decoración del interior de las viviendas. Es decir, generalmente es el mobiliario y enseres del interior de la vivienda los que suele proporcionar el combustible en los incendios, y las cortinas de las ventanas la mecha que lo propaga.

Pero la fachada es una parte del diseño de los edificios. La adaptación a la normativa contraincedios exige proyectar otros elementos en defensa del fuego, como la sectorización, la iluminación de emergencia, los extintores, las alarmas, las columnas secas, materiales estructurales decisivos con alta resistencia al fuego, etc. Todos estos sistemas tienen la función de evitar la propagación del fuego y de procurar la evacuación de las personas con seguridad.

Sumamente importante es la planificación de los recorridos de evacuación seguros, entre los que se incluye o debería incluir, para este caso que comentamos, una escalera protegida contraincedios, escalera que debe disponer de puertas cortafuego y ventilación natural o mecánica. Están pensadas para que, por estas vías, no se propague el incendio y, debido a la estanqueidad de las puertas, permanezcan libres de gases de combustión el tiempo suficiente para evacuar el edificio.

Por la tipología del edificio, los responsables de los servicios contraincendios deben hacerse una idea, con una primera inspección rápida, de qué tipo de edificio se trata y hacerse una composición aproximada, de los materiales con los que está construido, su distribución y las vías de evacuación de que dispone.

Inicio y propagación del fuego

En primer lugar debemos adelantar que aunque haya materiales combustibles en las fachadas, no siempre ocasionan desastres como el que nos ocupa, porque dependerá de la facilidad y velocidad de propagación del fuego. Si un material tiene baja combustibilidad, se propaga más lentamente, y puede dar tiempo suficiente, tanto a evacuar como a que lleguen los servicios contraincedios y limiten la extensión del fuego.

Todos los que alguna vez hemos estado en una habitación con una chimenea de leña, habremos comprobado que, si la estancia se cierra totalmente, no se crea corriente y la sala se llena de humo. Por tanto los gases de combustión deben ser sustituidos por aire exterior. Desgraciadamente el aire que entra y contiene el oxígeno necesario para respirar, también es el que aviva la combustión porque, si no hay oxigeno el fuego, se extingue. Ese el principio por el cual, cuando se declara un pequeño fuego inicial, se aconseja echar una manta para extinguirlo.

En todos los incendios se generan corrientes muy fuertes del aire mezclado con los gases de combustión, ello independientemente del viento exterior. Los gases muy calientes tienden a elevarse y ser reemplazados por el aire frio desde las partes bajas cargado de oxigeno necesario para la combustión. Es el llamado efecto “chimenea”.

En un edificio en llamas se generan múltiples “efecto chimenea” en conductos o espacios por los se evacuan los gases de combustión. Pero también esas vías son por las que se propaga el fuego y ello afecta a los recorridos de evacuación (puntos 1 a 7).  Cuando empieza a arder el mobiliario de una vivienda, el aire frio entra por las ventanas y los gases salen por los conductos de ventilación de las cocinas o baño (punto 5). Pero si eso no es suficiente, el aire nuevo entra por las partes bajas de las ventanas y sale por las partes altas de las mismas ventanas (puntos 1 a 4). En los videos del incendio de Valencia se puede observar las lenguas de fuego que salen por la parte superior de Los huecos de fachada. Esto facilita que se propague desde las ventanas inferiores a las superiores, esto es, de una planta a la superior (punto 3). Dependerá de la distancia en vertical que hay entre las ventanas. Cuando estas van de suelo a techo, como sucedió en el edificio Windsor de Madrid, la propagación en altura es muy fácil. Pero este no fue en caso en Valencia.

Otro lugar por donde puede generarse un efecto chimenea es por los pasillos comunes de acceso, las escaleras y los huecos de ascensores (punto 6). Pero esto hay que evitarlo, porque si los humos salen por estos lugares, impide la evacuación de los ocupantes. Por eso, cuando hay un incendio en una vivienda es absolutamente fundamental salir cerrando la puerta de entrada a la vivienda, y abrir o romper los cristales de los huecos de las escaleras de evacuación y garantizar que sus puertas cortafuegos y las que dividen sectores, están cerradas. Tarde o temprano las vías de evacuación que no están preparadas para ello se llenarán de gases y ya será imposible salir bajo riesgo de asfixia.

En cuanto al incendio concreto del edificio residencial valenciano el incendio pasó por varias fases.

La fase inicial, que es la causa y origen del incendio. Al parecer se inició en una vivienda, pero el peritaje deberá dilucidar la causa exacta. Es importante saber el origen, no solo por razones de responsabilidades, sino para prevenir futuros incendios.

En la segunda fase se propaga del fuego por la fachada (punto 7). Esta propagación fue muy rápida debido al material altamente combustible empleado en la construcción. Fue facilitada por el viento y los desprendimientos de los paneles que salieron despedidos en llamas. Pero fue decisivo que, con la alta temperatura, las láminas de aluminio se dilataran y se desprendieron del sandwich, dejando mucha superficie expuesta del material combustible, y eso funcionó como si de un toldo vertical se prendiera.

La tercera fase se produce la propagación del fuego hacia el interior de las viviendas, lo cual se difunde a través de los huecos de las ventanas (puntos 3 y 7). El vidrio se resquebraja por efecto del calor y el fuego se introduce en el interior. Las cortinas extienden el fuego por el mobiliario. A veces el mero hecho de arrancar las cortinas y retirar de las inmediaciones de las ventanas todo el mobiliario, puede ayudar a retardar la propagación, en mayor medida si se evitan las corrientes, cerrando la puerta de entrada a la vivienda y las puertas de las habitaciones.

Aunque la propagación del fuego por la fachada fue rápida, en este tipo de incendio, el fuego y los humos de combustión tardan un tiempo en introducirse en el interior de las viviendas y en las vías de evacuación. Ese tiempo es vital, ya que es el que se dispone para evacuar el edificio.

Esta tercera fase en la que el fuego se mantiene en los interiores de las viviendas cuando prácticamente la fachada se ha consumido, es perceptible en los videos difundidos.

Dependiendo de la carga térmica del mobiliario y acabados interiores, y por tanto, de la temperatura alcanzada en el interior, puede o no afectar a la estructura y su posible colapso o, simplemente que queda comprometida la seguridad en el futuro.

Salvar a los ocupantes

En los incendios la gente no suele morir por el fuego directamente, sino por los gases de combustión o la falta de oxígeno, esto es, mueren por intoxicación o por asfixia.

En un incendio hay dos labores muy importantes que acometer. Lo primero de todo es garantizar la seguridad de las personas, por lo que garantizar la evacuación de los habitantes es prioritaria. El siguiente cometido es evitar que el fuego se propague en el propio edificio o en construcciones colindantes, impidiendo además que la construcción pueda colapsar por fallo estructural. Y por último, debe evitarse en lo posible que la gente se quede sin hogar, es decir, que pierda su patrimonio.

Para salvar a las personas es preciso informar lo antes posible de la existencia del incendio a los ocupantes, para que puedan evacuar por las vías previstas de evacuación antes de que se llenen de gases de combustión o se incendien. Es el papel de las alarmas. No es aconsejable que la gente se mantenga en las viviendas, salvo que las vías de evacuación se hayan colapsado por los gases de combustión. Ese fue el mayor error en el incendio de la torre Grenfell de Londres como veremos más adelante.

Tal vez la recomendación de mantenerse en las viviendas ofrezca seguridad en los edificios más habituales en los que la propagación del fuego es limitada. Pero en algunos edificios hay un alto riesgo de que el fuego se propague a otras viviendas e incluso que la estructura colapse. Y por lo tanto, mantenerse en las viviendas no debe ser la norma, sino más bien la excepción. Es el caso del incendio de Valencia, en que el fuego se propagó por la fachada, o en los edificios donde la estructura es de madera, como ocurre en muchos edificios antiguos. Los servicios contraincedios son los que deben advertir de si es posible evacuar con seguridad.

El caso de la torre Grenfell de Londres

El incendio de la torre Grenfell en Londres fue muy traumático para la sociedad anglosajona. Ocurrió en el 2017, por lo que fue después de concluido el edifico de Valencia. Poco se puedo aprender de él a la hora de proyectarlo, pero sí debiera haber sido una advertencia para el mantenimiento del edificio y para las aseguradoras.

Como apuntamos, este sistema de acabado de fachada es caro, por lo que son soluciones que se encuentran en mayor medida en los países con renta alta. Es un sistema constructivo que se emplea, no solo en edificios nuevos, sino también en aquellos que se precisa de la rehabilitación de su fachada para aumentar el aislamiento térmico, como fue el caso de la torre Grenfeel. De hecho es una buena solución para las reformas que tienen como objetivo la eficiencia energética, y en especial en zonas calurosa, ya que además del frio aíslan muy bien del calor. La fachada ventilada hace las veces de un toldo extendido de arriba abajo a lo largo de toda la fachada.

Estas son las razones por las que en el Reino Unido hay muchos edificios construidos con este sistema y plantea un problema muy serio: ¿quién se hace cargo de las modificaciones en los edificios existentes que fueron construidos con esta solución, dado su alto coste?. El mercado de compraventa de estas viviendas se dificulta, los seguros se resisten a asegurarlas, o piden cifras inasumibles, y la banca es reticente a hipotecarlas. Así que sus propietarios están sumidos en un gran y trágico dilema. El precio de estas viviendas está por debajo del mercado. Y si viven en ellas, lo hacen con una espada de Damocles sobre sus cabezas.

Tengo una cierta sospecha de que en las grandes y prósperas ciudades de los países del Golfo Pérsico hay muchos edificios con estas características.

Conclusiones

Las fachadas ventiladas son una buena solución constructiva, no deberíamos estigmatizarla. Solo debemos garantizar que se proyecta y construye adecuadamente, cumpliendo una normativa, que actualmente es correcta.

En caso de incendios lo primero de todo es evacuar a los habitantes. Para ello, las personas deben comunicarse y avisarse. La labor del conserje en este caso fue providencial y de sentido común.

El servicio contraincendios debe disponer de una información previa y un protocolo de actuación en función de la tipología del edifico. Un experto, con una ojeada y un acceso a las zonas comunes se hace una idea de los riesgos, las vías de escape seguras (o no). El servicio contraincedios deben recorrer el interior del edificio si fuera posible, primordialmente para avisar, dirigir y ayudar a la evacuación, y en especial a personas que no pueden por sí solas, y eso debe hacerse rápidamente ya que el tiempo es limitado, antes de que se genere humos, o se caliente el edificio a tal punto que ya no sea viable evacuar. El uso de altavoces puede ser eficaz.

Nunca deben dejarse las puertas abiertas ni echarla abajo, salvo que se sepa que hay alguien dentro del recinto que no puede salir, pues la puerta abierta puede tener el doble efecto de propagar el fuego y crearse una corriente de humos de combustión que enrarezca las zonas de evacuación. Cuantos más recintos cerrados menos corrientes de aire se crean y, por tanto, menos posibilidades de que el humo y el fuego se propaguen.

No solo hace falta tener normas contraincedios idóneas, y hacer los proyectos y las obras conforme a ellas. Tiene que haber planificación y protocolos de actuación en caso de incendio en función de las características de los edificios, que no dudo que no los haya, pero deben actualizarse conforme la construcción se innova.

Los propietarios y habitantes de los edificios deberíamos llevar un mantenimiento de los elementos contraincedios, en especial para que las puertas, los extintores, las emergencias y alarmas estén operativos. En las obligatorias inspecciones técnicas (ITE) que se hacen en los edificios más antiguos, debería haber un apartado específico sobre las carencias y las recomendaciones precisas para adaptarse a la normativa contraincendios vigente. Y por último, los ciudadanos deberíamos disponer de unos mínimos conocimientos para saber protegernos en caso de un incendio.

Valladolid, 26 de febrero de 2024

José Antonio Salvador Polo

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